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Pero
el ser humano no es completo sino con los demás. Estamos
constituidos para vivir en comunidad. El "yo" no existe.
El "tú", tampoco. La persona es "yo-tú",
"nosotros". Y eso porque los otros forman parte de mí
y yo de los otros. Por eso la única forma de realizarme es
realizándonos.
Descubre también Agustín que el ser humano está
abierto a la trascendencia, es decir, a Dios como fundamento y fin
de nuestra vida. "Dios está más dentro de nosotros
que nosotros mismos" y "es superior a lo máximo
nuestro", nos dirá. Cuando buscamos la felicidad, el
amor, el bien, la justicia, el servicio a los demás es a
Dios a quien buscamos. Esos valores no son Dios, sino la imagen
de Dios.
En consecuencia el alumno agustiniano:
• Es esencialmente inquietud, insatisfacción, descontento.
Buscar para encontrar y encontrar para seguir buscando. Amar para
seguir amando y tener más sed de amor.
• Comienza por reconocer que el principal error del ser humano
es que no se conoce a sí mismo. Por eso, su primer cometido
será conocerse a sí mismo, con sus cualidades y limitaciones,
a través del método de la interioridad.
• Es abierto a los demás. Por eso sólo puede
llegar a ser persona siendo con los demás, viviendo solidaria
y comunitariamente.
• Está abierto a la trascendencia, a Dios "¿Deseas
la felicidad?". "¿Amas la verdad?". "¿Quieres
ser libre?". "¿Buscas amar y ser amado?".
No buscarías el amor, la verdad, la felicidad, la libertad,
si no estuvieran dentro de ü'. Esos valores, dice San Agustín,
son la imagen de la presencia de Dios en el ser humano.
• Es humilde y receptivo. Acepta sus cualidades y limitaciones.
Las cualidades son el reflejo de la presencia de Dios en nosotros.
Las limitaciones son el fruto del egoísmo. Nuestro objetivo
es que crezcan las virtudes y decrezcan las limitaciones.
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Dejemos
expresarse a San Agustín sobre el alumno agustiniano. El
alumno agustiniano es:
• Inquieto: "Hay que buscar la verdad
con el empeño; para que cu en- cuentro produzca mayor disfrute.
Y hay que disfrutarla sin hastío, para seguir buscándola
con nuevo afán" (De trin. 15,2, 2).
"Si aún puedes ser mejor de lo que eres, es evidente
que no eres tan bueno como debes" (De Ver Reí. 41, 78).
• Interiorizado y Reflexivo: "No podrás
juzgar a los demás a no ser que seas capaz de juzgarte a
tí mismo. Entra pues, dentro de tí mismo. Entra pues,
dentro de tí y siéntate como reo en el tribunal de
tu conciencia. Pon a prueba tu integridad como juez en esa sala
interior de justicia en la que no necesitas depender de testigos
externos" (Serm. 13, 6, 7)
.
• Humilde y Receptivo: "Acéptate
como hombre, eso es humildad" (In Joan 25, 16).
"Nadie te ha dicho que seas menos de lo que eres, sino que
te reconozcas como eres, reconócete como débil, como
pecador, como hombre. Al aceptar y confesar tus miserias, entras
en el camino de la salvación" (Serm. 137. 4,4).
• Libre y Responsable: "Nadie por fuerza
hace el bien aunque sea bue-no lo que hace" (De div. quaest
83, 35).148.
"Sólo puedo en verdad, hacer lo que quiero, cuando dejo
de querer hacer lo que no puedo" (Epist. 10, 1).
• Ordenado en sus Amores: "Cada hombre
es lo que ama" (De div. quaest. 83. 35).
• Humano y Comprensivo: "En medio de
los posibles escándalos, pien- sa siempre bien de los demás
Sé tú humilde e interiormente lo que quieras que ellos
sean y no tendrás que pensar que ellos son lo que tú
no eres" (In ps. 30,2, 7).
• Equilibrado y Moderado: "La moderación
es la madre del orden. Y el orden lo es de la paz" (De ord.
22, 19, 50).
"Mientras
no nos contentemos con tener lo necesario, seguiremos empeñados
en conseguir lo supérfluo. Nada es suficiente para quien
no ha puesto límite a sus caprichos" (In. ps. 147,12).
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